Nuestra historia
En 2013, después de casi treinta años viviendo en Caracas, regresé a mi pueblo: Casanay, estado Sucre. La vida me trajo de vuelta, y de la forma menos esperada me cambió el rumbo: una gastritis erosiva me tenía muy mal y la doctora me recomendó algo que por aquí se conoce desde siempre — el aceite de coco.
Mi padre tenía una hacienda con cocos. Busqué unos veinte, aprendí cómo se preparaba el aceite a la manera tradicional y comencé a tomarlo. Mi recuperación fue tal que tomé una decisión: dedicarme a elaborar este aceite y compartirlo.
Lo hago con la técnica de prensado en frío: el coco se raspa, se muele, se seca al punto justo y se exprime en prensa. Sin apuros y sin atajos, en pequeños lotes, como se ha hecho siempre.
¿Y qué hace especial a nuestro aceite? El coco. En esta zona de Sucre, y sobre todo en Paria, los cocos crecen libres de herbicidas y químicos — cocos cien por ciento orgánicos, tan valorados que vienen a buscarlos desde Colombia, atravesando toda Venezuela. De ese coco, y solo de ese, sale cada frasco.